Un cambio estructural en el mercado
Las cifras cuentan una historia de retirada masiva de los mercados públicos. En los últimos 30 años, las salidas a bolsa han disminuido un impresionante 75%. Si retrocedemos al año 2000, el ecosistema financiero era radicalmente distinto: existían 12.000 empresas cotizadas y las compañías solían salir a bolsa tras apenas 6 años de vida. Hoy, el panorama se ha contraído: la cifra de cotizadas ha caído hasta las 3.500 aproximadamente, y el plazo medio para una IPO se ha extendido hasta los 14 años.

¿Por qué las empresas prefieren la "sombra" de lo privado?
Existen razones de peso, tanto económicas como estratégicas, para este cambio de tendencia. Una de las más relevantes es el coste regulatorio. Ser una empresa pública hoy es más caro y complejo que nunca. El cumplimiento continuo, los requisitos de auditoría, los informes ante la SEC y la supervisión legal pueden suponer un coste anual de entre 2 y 3 millones de euros. Para muchas empresas, estos costes sólo tienen sentido cuando se alcanza una escala masiva, lo que retrasa o incluso cancela los planes de cotización.
Además, el mercado privado ha evolucionado para ofrecer lo que antes solo ofrecía la bolsa: capital a gran escala. Las empresas ya no necesitan los mercados públicos para captar cientos o miles de millones; ese capital ahora está disponible de forma privada en todas las etapas del ciclo de vida de la empresa.
La conclusión para el inversor
Este cambio no es una tendencia pasajera, es un cambio estructural en cómo se crea y captura el valor en la economía moderna. Si las empresas pasan sus años de mayor crecimiento siendo privadas, los inversores que solo miran al mercado público se están perdiendo, por definición, la mayor parte de la creación de valor.